Una cita de El Retrato de Dorian Gray

“My dear boy, the people who only love once in their lives are really the shallow people. What they call their loyalty, and their fidelity, I call either the lethargy of custom or their lack of imagination. Faithfulness is to the emotional life what consistency is to the life of the intellect—simply a confession of failure.”

Una aclaración que considero necesaria respecto al uso del la palabra panóptico

Últimamente hay gente que le dice panóptico a cualquier tipo de vigilancia. No es mi intención hacer una aclaración literal respecto al panóptico forma arquitectónica carcelaria sino al efecto de poder que ejerce de acuerdo al trabajo de Michel Foucault en Vigilar y Castigar.

Porque lo clave del uso de este concepto en el trabajo del francés es la vigilancia permanente a pesar de que ésta sea discontinua en su acción. El efecto panóptico es tan poderoso que es irrelevante que las cámaras que un alcalde pone en su comuna estén grabando o a cuántas micros del Transantiago se suben los inspectores.

Hablar de panóptico sólo cuando estamos frente a tecnologías explícitas de vigilancia aleja de nuestro radio de análisis el máximo mecanismo de control que es el que reside de manera automatizada en nosotros como individuos y eso se manifiesta en la sujeción efectiva de nuestros cuerpos ante ideas que no son más que ficciones como el supuesto terrorismo en Chile. Es este tipo de control el que nos moviliza y nos lleva a transitar por ciertos lugares, mirar feo a determinada gente (incluso a nuestros pares), salir a la calle depilada, pagar la micro, etc.

Finalmente la vigilancia no está en las tecnologías, está implantada en nuestros cuerpos disciplinados de manera tan sofisticada que somos indistintamente vigilados y vigilantes en dimensiones que exceden lo criminal. El ejercicio del poder es mucho más sutil que la presencia de unas cámaras.

Sobre Chavs de Owen Jones

La lucha de clases la ganan los ricos cuando no nos queremos reconocer como clase trabajadora. La alarma que eleva Owen Jones respecto al Reino Unido es peligrosamente parecida a lo que se podría decir de Chile y la tendencia a que todos se crean de clase media.

Porque los trabajadores son aprovechadores, se reproducen sin control, son peligrosos, son básicamente flaites. Decirse de clase media es la declaración pública que nos alejaría de esa miseria.

Yo amo al Reino Unido, a su magnífico sistema de salud, a su dignidad, a sus artistas, pensadores y vecinos solidarios. El trabajo de Jones me desafía e invita a luchar contra el arribismo y la destrucción de nuestras clases trabajadoras minimizadas en ocupaciones donde sus habilidades son reducidas y su moral devastada.

Como en todo libro sobre los vicios neoliberales aparece el ejemplo chileno y no es exagerado ver con claridad cómo las alertas sobre la creciente frivolidad, esnobismo, consumismo desvergonzado, apropiación burguesa de las tradiciones populares, explotación laboral, segregación y nula conciencia de clase, en Chile son realidad. Somos el ejemplo a no seguir.

Dos momentos en El Extranjero

El Extranjero de Albert Camus es irresistible a la más temprana juventud: cuando la apatía es una idea brillante y necesaria ante los miles de estímulos y presiones que enfrentamos en esa etapa. Chicos que quedan como campeones diciendo “me casaría contigo pero la verdad es que me casaría con cualquiera que me lo propusiese” mientras los de veintitantos ya no nos permitimos ese cinismo por mucho que lo entendamos.

Como Meursault nos entregamos aliviados a nuestra ejecución pública. Aliviados porque tenemos el don de la cólera y el desprecio.

Camus nos interpela cuando vamos y también cuando ya estamos sentados de vuelta tomando un enguindado y las dos veces tiene razón.

Yo mañana tengo que ir a una oficina de extranjería a que la policía me dé un papel, trabajar cuando me desocupe de ese trámite que el viernes no pude hacer porque me dieron un número de atención para el que faltaban 150 personas y en la tarde tratar de irme antes porque el gásfiter debe reparar la ducha que tiene con una gotera el departamento de abajo. Mañana es otro día de trabajo.

Sigo romántica y revolucionaria

Una vez conversé con un chiquillo muy bonito e inteligente y dijo esto:

“No es la sexualidad hedonista, sino es descubrirte a ti, descubrir a otra persona, conocerse, encontrarse, tener contacto con algo. Lo de no encararse tiene que ver con querer mantener las distancias, una frialdad, protegerte del otro y el sexo es lo contrario, es entregarte, querer, se opone a esa autorrepresión, a ese miedo al otro que es lo peor que puede tener una sociedad porque la fragmenta.”

Ignorant verbal diarrhoea

En esta entrevista a Ellen Page, donde Ellen Page da lo mismo, la periodista Hadley Freeman acuña un gran punto donde describe lo que ella llama la “ignorante diarrea verbal” que se obtiene al preguntarle sobre feminismo a alguna celebridad. Lady Gaga por ejemplo, que más de una vez se ha puesto las banderas de las minorías responde sobre ser feminista: “I am not a feminist – I hail men, I love men. I celebrate American male and beer and bars and muscle cars”.

Semejante tontera, semejante mezcolanza de cosas nada que ver, es la prueba de un relativismo extremadamente imbécil que veo diariamente en mujeres de mi generación. Amparadas en ideas de libertad que no son más que un triste individualismo, ellas se suman a esta corriente de declaraciones tontas que repiten como loro. Los más avanzados incluso usan argumentos de la teoría queer para dejar a un lado la lucha por la justa igualdad de derechos. Fácil se me ocurren estos ejemplos:

- Yo me depilo porque quiero (Sí, claro)
– No porque hable de ropa voy a ser hueca (¿A quién le conviene que seas una consumista enferma?)
– Los homosexuales para qué quieren casarse, es una institución conservadora (Ehmm, se trata de derechos, además matrimonio igualitario no significa matrimonio obligatorio)
– Hay que ser femenina, no feminista (¿Saben quién dijo esto una vez? Felipe Bianchi. I rest my case)

Crazy in love

Leía un capítulo del libro Black Feminist Thought de Patricia Collins. Hablaba del del amor entre una mujer y un hombre negro. Lo describía como una gran épica que viene de la esclavitud, donde era común que mujeres negras fueran separadas de sus hombres y de sus hijos. Con lo que tenían a mano hacían lo posible por volver a reunirse, algo que casi nunca pasaba pero que era remotamente probable.

Collins propone que esa idea de amor enorme se mantiene hasta la actualidad entre las mujeres negras y que se refleja en expresiones como la música, usa como ejemplo la canción My Man de Billie Holiday. Es un amor único, irrepetible, épico, sobrehumano.

Beyonce y Jay Z también son épicos.

El amor negro y la herencia de la esclavitud también propició una cierta equidad entre hombre y mujer, ambos eran esclavos, no había proveedor. Esta idea la rescata Aretha Franklin en varias de sus canciones, haciendo una distinción respecto a la incondicionalidad de Holiday.

Finalmente el tema del amor es un ejemplo de cómo las mujeres negras lidian con el patriarcado, son ellas un grupo que debe enfrentarse a la discriminación no sólo de género sino que también la racial y económica ¿Puede la mujer pobre chilena encontrar referentes para el amor en la cultura popular?

Una de las deudas de las ciencias sociales

Leyendo “The Meaning of Life” (vaya título) de Terry Eagleton, el autor menciona en una parte que previo al capitalismo el individuo buscaba el sentido de la vida, su realización espiritual, en el estudio de las ciencias, la filosofía, el arte. Cuando la doctrina capitalista se apodera del mundo, la motivación de la humanidad gira hacia la acumulación y la rentabilidad. En este contexto el arte deja de ser realización y se convierte en distracción para el tiempo en el que no se está trabajando, el discurso científico empirista se apodera del conocimiento y toca a las ciencias sociales por supuesto.

Las humanidades dejan de preocuparse de las grandes preguntas, como el sentido de la vida, las metodologías se “matematizan” buscando validación en el paradigma dominante de “lo que es útil”. Es innegable la jerarquización de los tipos de estudio en ciencias sociales. Programas, becas y todo tipo de incentivos son otorgados a aquellos investigadores que justifiquen la “utilidad” de sus trabajos, sin ir más lejos en instituciones del gobierno nacional abundan los requerimientos de conceptos como progreso, innovación, crecimiento económico.

Esta rendición de las ciencias sociales ante el capitalismo ha dejado abandonadas las grandes preguntas de la existencia ¿Para qué vivimos? ¿Cómo lo hacemos con lo de la muerte? ¿Qué onda todo? Y de manera indirecta este fenómeno permite que aquellas respuestas nos las tengan que dar el tarot, los budistas, los médium.

Pero yo amo el conocimiento y lo voy a honrar.

Comer carne

Es un hecho, el carnivorismo tiene los días contados.

La crueldad de la industria alimentaria es innegable y lo cruel de comerse un animal también ¿Cómo alguien puede tener un perro, haber visto sus ojitos sinceros y después partir a comerse una longaniza?

Y esto no se trata de la lucha veganos versus defensores de la carne (cuál de los dos tiene exponentes más hueones), es el hecho de vivir en una sociedad que avanza en términos de códigos de la moralidad. Mucha gente me ha dicho “Pero es tan rico comerse un asado, cómo va a ser malo” y efectivamente es rico pero es igual a un romano del año uno diciendo “Pero si es tan rico violar niños”.

Hoy violar niños está mal (al menos para los no católicos) e intuyo que pronto hacer sufrir horrorosamente a un animal para después comerse un pedazo sangrante de su carne también estará mal. Sugiero adquirir esta perspectiva para no hacer el loco defendiendo lo indefendible. Y todos aprovechen los asados, que tengo la impresión que serán los últimos de la humanidad.

Perrito en Brandon Hill <3

Sobre la ignorancia

Ayer me di cuenta que odio la ignorancia, un espíritu hasta facho se apodera de mí cuando veo gente con acceso a educación y contenidos que elige no educarse.

Un tipo escribió un texto sobre un festival de música popular, el texto era muy largo y se daba una gran vuelta, Descartes y varios filósofos incluidos, para justificar por qué le gustaba tal banda.

Mucha gente joven, según ellos interesados en la crítica musical, se escandalizaron porque el texto era “denso” y porque se “estaba pasando a caca”. Todas por supuesto, personas a las que jamás les he leído algo interesante. Tras el incidente investigué un poco la cobertura que estos personajes hicieron del festival en cuestión y se trataba de notas de a lo más cuatro párrafos donde nunca se planteaba tesis alguna, sólo el uso de adjetivos como “crudeza” o “notable” para referirse a las bandas, uno de ellos incluso se dedicaba a publicar fotografías del merchandising del evento destacando que eran los productos “oficiales” para comprar.

Pero no es la pobreza de la crítica musical en este país lo que quiero destacar (eso da para un libro completo), sino el acto de celebración de la ignorancia, de presumir que no se lee y encarar, por ejemplo, al que intenta relacionar teoría con música popular. Es demasiado triste ver gente joven menospreciando el conocimiento, aquello era algo que se podía sospechar dado que es una rareza encontrar a un cronista que elabore una tesis con cierto sustento teórico pero amedrentar al que sí lee fue algo que sobrepasó todos los límites y comprobó que a la juventud chilena involucrada en el escenario cultural le da exactamente lo mismo educarse.

Esto, que también puede pensarse como una más de las banalidades del Twitter, es sin duda un reflejo de la pésima educación que hay en este país y cómo no del secuestro del conocimiento por parte de la academia. Eso lo hablaré en otro post. La depresión que me inspiran estos jovencitos ignorantes merecía su espacio particular.