Vi The Internet’s Own Boy

Desprecio tanto a los emprendedores-innovadores- fundadores de start ups. Se disfrazan de progreso y al final del día son sólo unos amantes de la plata.

Y no me molestan tanto los vendedores de humo estilo charla motivacional, ésos sólo son mercachifles sin talento. Los que de verdad me molestan son aquellos con habilidades tecnológicas utilizadas en su totalidad para la lucha por el sueño de ser uno de esos millonarios con más plata que la que podrías gastar en tu vida.

Podría decir que son personas que me entristecen, víctimas de una cultura exitista. Pero no.
Prefiero apuntarlos con el dedo que facilitarles la vida entrando en una espiral de relativización, quiero que sus planteamientos en que aseguran que su trabajo es por un mundo mejor y que la plata viene por añadidura queden evidenciados como las mentiras que son.

Cómo pueden tener cara para vestir las banderas del progreso si lo único que hacen es fortalecer la inmisericorde economía capitalista, cómo pueden tener tanta cara de palo conociendo casos de gente que se ha muerto por poner sus habilidades técnicas a disposición del conocimiento humano como Aaron Swartz.

Estoy segura que a toda esta generación de “emprendedores digitales” el mundo los recordará como las ratas ansiosas de dinero que son, como ratas codiciosas que nunca quisieron desafiar el orden establecido sino que a punta de nuevas corporaciones, nuevas tecnologías de vigilancia e incluso nuevos modos de control económico están construyendo una versión paralela del más crudo capitalismo, un criptocapitalismo.

La amistad es revolución

La amistad está descaradamente subrrepresentada en las producciones culturales. Son pocas las canciones dedicadas a las relaciones fraternas y no se concibe película que trate el tema de la amistad sin meterle un romance entre medio.

Que el amor romántico está sobrerrepresentado se sabe con mayor claridad. Si la vida fuera como pintan las películas, libros y canciones, las motivaciones de todos los seres humanos se construirían solamente a partir de la búsqueda y encuentro de una pareja.

Pero la realidad es diferente, las personas tenemos muchas otras ocupaciones que anteceden en importancia al amor romántico: el trabajo, la realización artística, la vocación política, la crianza de hijos, los hobbies que apasionan y, por supuesto, la amistad.

Tomo la amistad como punto comparativo porque tiendo a pensar que puede ser en la mayoría de los casos mucho más importante que el amor romántico. Sin ir más lejos, es más factible que una amistad dure toda la vida a que una relación amorosa lo haga.

Las mismas relaciones de poder facilitan que una amistad pueda ser más horizontal y sólida que un romance sujeto a la desigualdad y expectativas de la sociedad patriarcal ¿Curarme y hacer el ridículo en frente del chico que me gusta? No suena tan buena idea porque al día siguiente me podría pesar.

Y mientras el amor romántico te empuja fuerte hacia la construcción de una familia y por ende a la perpetuación patriarcal en términos no sólo del discurso feminista sino también en el ámbito económico de la acumulación capitalista, la amistad invita a la solidaridad, a la igualdad entre los individuos, a cuestionar los supuestos. Son los amigos los que nos hacen quedarnos hasta tarde en los carretes, los que nos impulsan a atrevernos a flirtear con quienes no deberíamos, a probar entonamientos desconocidos, a viajar sin mucha plata porque en realidad no importa tanto.

Y la gente que se empareja se aleja de sus amigos, prefieren o se sienten llamados a una rutina que no tiene plazo final, las noches se vuelven iguales y estáticas en camas donde cada vez hay menos sexo y donde la inercia se siente tan atractiva, porque igual es rica la sensación de quietud total.

He visto cómo me han mirado con un asombro monumental cuando he dicho que después de una reunión de gente emparejada me voy a un carrete con baile, alcohol y drogas. Y yo misma he arrancado de panoramas prometedores cambiándolos por una noche acurrucada en pareja.

La amistad es peligrosa porque cuando es profunda y trascendente puede subvertir la disciplina que se espera de nosotros. Nos hace cambiar emociones televisivas por pensamiento y acción crítica. Nos puede llevar a nuevos entendimientos de la sexualidad, de la vivienda, de la economía. Su subrrepresentación le sirve al capitalismo de familias nucleares, cegándonos, haciéndonos creer que lo que necesitamos son historias románticas.

Por eso amo a mis amigos. Juntos somos revolución.

 

conidino

Neovanguardia en Ases Falsos

Un muy querido amigo, de quien respeto mucho su opinión respecto a la música, me comentaba el otro día lo decepcionado que se ponía cuando en canciones de Ases Falsos que iban de lo más bien aparecía una mención fea contra la tele o los empresarios. Su argumento era relacionado con la fonética de las palabras y de cómo se hace incómodo que en medio de una canción se diga “la tele”.

Eso mismo pensaba yo (de hecho a veces todavía lo pienso) al escuchar el primer disco de Ases Falsos, Juventud Americana, al principio no me cabían bien en la cabeza las letras como “los animales nunca se equivocarán” o “le fui agarrando el gustito”. Simplemente porque son frases súper feas que da cosita cuando uno las escucha sobre todo en una canción.

Pero no sé lo que pasó entre medio y ahora me encanta Ases Falsos. Hoy entiendo que ese estilo de escritura es una decisión híper deliberada y que claramente es en gran parte lo que los ha hecho destacar y evitar que se conviertan en un nombre más del cementerio de las bandas de rock chileno que dan sueño.

Pensar en estas letras como transparentes y miméticas con la realidad permite que reflexionemos sobre el rol de la subjetividad en el arte e incluso hacer un vínculo con las últimas neovanguardias.

En una primera instancia podríamos pensar que Cristóbal Briceño, el compositor detrás de Ases Falsos, escoge su estilo de escritura para lograr un impacto y llamar la atención en medio de las cosas bonitas que uno podría esperar en la música popular.

O podemos adoptar una mirada en la que el proceso de escritura es menos intrincado y la técnica de Briceño es tratar de mantener una mímesis con el devenir de la vida neoliberal en este caso. Por ejemplo cuando en Búscate un Lugar para Ensayar dice “pongo el caso de una marcha” nos enfrentamos a una frase que podría decir cualquier amigo en algún carrete en casa mientras se discute el tema de la protesta social. No hubo sutilezas, no hubo figuras literarias para enmascarar esa proposición. No hay respuestas para la búsqueda de un sentido porque el sentido estuvo y está en cada oportunidad en que alguien medio entonado en una reunión social te dice “mira, pongo el caso de una marcha…”.

Cuando esto ocurre, la obra de arte te interpela de una manera completamente diferente. Excede lo que damos por entendido que tiene que ser una canción. Y en un sentido profundamente benjaminiano y neovanguardista, ubica al artista y a su obra en una posición evidentemente política al desafiar la institución del arte subvirtiendo sus propias reglas, en este caso las de la estética fonética.

Considerando lo anterior, es posible que Ases Falsos sea un gusto adquirido, en el que los talibanes de la música como yo misma tenemos que desprendernos de prejuicios y participar de lleno en el acto literario-político al que las obras de Briceño invitan.

 

La belleza hace soportable la monotonía

Rescato esta frase de Simone Weil y su marxismo místico en estos días de vacaciones donde más encima leo El Color Prohibido de Yukio Mishima, una novela donde la belleza ocupa un lugar extremadamente provocador.

Shunsuké, un viejo culeado, reflexiona sobre “lo fea que es la felicidad” indicando con sutileza esa tendencia a derretirnos por lo incorrecto y de cómo lo incorrecto nos parece bello. Así volvemos a la idea de Weil de la belleza para sobrevivir a la monotonía.

¿No es acaso bella esta escena?

El estudiante se desabrochó los botones de la pechera y siguió fumando, tendido en el futón y apoyado en un codo. Cuando el ruido de las pisadas se hubo desvanecido, se irguió como un joven perro de caza. Era un poco más bajo que Yuichi. Éste había permanecido en pie, indeciso, y su acompañante le rodeó el cuello con una mano para besarle. Se besaron durante cinco o seis minutos. Yuichi deslizó la mano bajo la chaqueta de Suzuki. El corazón le latía con fuerza. Se separaron y, dándose la espalda, procedieron a desvestirse de una manera frenética.

Y con esta escena yo no ilustraría la felicidad. La felicidad es hablar y reír mientras que en Mishima “la verdadera belleza impone el silencio”.

Nubes y desrealidad

Imperceptibles las nubes se mueven y van a chocar

PAF suena el choque que es mejor ignorar y seguir en lo propio porque mal que mal has estado una canción entera dialogando íntimamente con uno de los hombres más atractivos de Chile.

El discurso amoroso opera con la existencia de nubes, nubes que ensombrecen el humor igual que la menstruación pero que con honestidad se soportan sin destruir la fantasía que se arma alrededor del romance. Porque la opción de escapar abre paso al enfrentamiento con el mundo atónito, al enfrentamiento con la desrealidad de llamadas telefónicas que no llegan, tiempos muertos y arrepentimientos. El mundo está petrificado para el que se enamora y no se puede soñar. Es mejor entrar a la alucinación, perdonar, ser invisible, dejar guiar por la luna nuestra frágil dirección. El resto es vanidad.

“Hay sin embargo nubes más sutiles; todas las sombras tenues, de causa ligera, incierta, que pasan por encima de la relación, cambian la luz, el relieve; hay de repente otro paisaje, una ligera embriaguez negra. La nube entonces no es más que esto: algo me falta“.

Todo lo anterior es para decir que quiero bailar esta canción con un chiquillo bonito y que al final nos demos un beso y que no importe nada.

Anotaciones de Roland Barthes – Fragmentos de un Discurso Amoroso, los apartados DESREALIDAD y NUBES

Les Secrets de la Princesse de Cadignan

“Ella era entendida y sabía que el carácter amoroso se cifra de algún modo en las cosas sin importancia. Una mujer instruida puede leer su porvenir en un simple gesto”.

Una cita de El Retrato de Dorian Gray

“My dear boy, the people who only love once in their lives are really the shallow people. What they call their loyalty, and their fidelity, I call either the lethargy of custom or their lack of imagination. Faithfulness is to the emotional life what consistency is to the life of the intellect—simply a confession of failure.”

Una aclaración que considero necesaria respecto al uso del la palabra panóptico

Últimamente hay gente que le dice panóptico a cualquier tipo de vigilancia. No es mi intención hacer una aclaración literal respecto al panóptico forma arquitectónica carcelaria sino al efecto de poder que ejerce de acuerdo al trabajo de Michel Foucault en Vigilar y Castigar.

Porque lo clave del uso de este concepto en el trabajo del francés es la vigilancia permanente a pesar de que ésta sea discontinua en su acción. El efecto panóptico es tan poderoso que es irrelevante que las cámaras que un alcalde pone en su comuna estén grabando o a cuántas micros del Transantiago se suben los inspectores.

Hablar de panóptico sólo cuando estamos frente a tecnologías explícitas de vigilancia aleja de nuestro radio de análisis el máximo mecanismo de control que es el que reside de manera automatizada en nosotros como individuos y eso se manifiesta en la sujeción efectiva de nuestros cuerpos ante ideas que no son más que ficciones como el supuesto terrorismo en Chile. Es este tipo de control el que nos moviliza y nos lleva a transitar por ciertos lugares, mirar feo a determinada gente (incluso a nuestros pares), salir a la calle depilada, pagar la micro, etc.

Finalmente la vigilancia no está en las tecnologías, está implantada en nuestros cuerpos disciplinados de manera tan sofisticada que somos indistintamente vigilados y vigilantes en dimensiones que exceden lo criminal. El ejercicio del poder es mucho más sutil que la presencia de unas cámaras.

Sobre Chavs de Owen Jones

La lucha de clases la ganan los ricos cuando no nos queremos reconocer como clase trabajadora. La alarma que eleva Owen Jones respecto al Reino Unido es peligrosamente parecida a lo que se podría decir de Chile y la tendencia a que todos se crean de clase media.

Porque los trabajadores son aprovechadores, se reproducen sin control, son peligrosos, son básicamente flaites. Decirse de clase media es la declaración pública que nos alejaría de esa miseria.

Yo amo al Reino Unido, a su magnífico sistema de salud, a su dignidad, a sus artistas, pensadores y vecinos solidarios. El trabajo de Jones me desafía e invita a luchar contra el arribismo y la destrucción de nuestras clases trabajadoras minimizadas en ocupaciones donde sus habilidades son reducidas y su moral devastada.

Como en todo libro sobre los vicios neoliberales aparece el ejemplo chileno y no es exagerado ver con claridad cómo las alertas sobre la creciente frivolidad, esnobismo, consumismo desvergonzado, apropiación burguesa de las tradiciones populares, explotación laboral, segregación y nula conciencia de clase, en Chile son realidad. Somos el ejemplo a no seguir.

Dos momentos en El Extranjero

El Extranjero de Albert Camus es irresistible a la más temprana juventud: cuando la apatía es una idea brillante y necesaria ante los miles de estímulos y presiones que enfrentamos en esa etapa. Chicos que quedan como campeones diciendo “me casaría contigo pero la verdad es que me casaría con cualquiera que me lo propusiese” mientras los de veintitantos ya no nos permitimos ese cinismo por mucho que lo entendamos.

Como Meursault nos entregamos aliviados a nuestra ejecución pública. Aliviados porque tenemos el don de la cólera y el desprecio.

Camus nos interpela cuando vamos y también cuando ya estamos sentados de vuelta tomando un enguindado y las dos veces tiene razón.

Yo mañana tengo que ir a una oficina de extranjería a que la policía me dé un papel, trabajar cuando me desocupe de ese trámite que el viernes no pude hacer porque me dieron un número de atención para el que faltaban 150 personas y en la tarde tratar de irme antes porque el gásfiter debe reparar la ducha que tiene con una gotera el departamento de abajo. Mañana es otro día de trabajo.

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